¿Qué es la auto-sustentabilidad y por qué es tan importante?

Son muchos los problemas comunes a buena parte de las comunidades del mundo: la falta de acceso al agua potable, la pobreza, el cambio climático, etc.

Identificarlos ha permitido la negociación de una agenda internacional para el desarrollo sustentable que pretende unir y coordinar esfuerzos entre las distintas iniciativas de desarrollo que trabajan en su solución (e.g. Estados, gobiernos locales, ONGs, universidades, empresas, ciudadanos).

Un reto evidente para su implementación ha sido que en cada una de estas comunidades dichos problemas se presentan de forma distinta, pues varían:

  • los actores involucrados, sus necesidades e intereses (y por ende la percepción de los problemas).
  • los contextos socio-económicos, culturales, ambientales, etc.
  • los recursos disponibles para enfrentarlos.
  • el marco legal y socioeconómico que les genera.
  • los incentivos o retos para aquellos que quieren solucionarles.

Por ello, asegurar un proceso de desarrollo justo y sustentable exige que los distintos agentes de desarrollo y sus iniciativas sean capaces de adaptar dicha agenda de forma flexible y pertinente a sus contextos sin comprometer los intereses y necesidades del resto de la comunidad internacional, pues ello les permitirá lograr intervenciones más sustentables — esto es, integrales (en lo social, ambiental y económico); relevantes a las condiciones y aspiraciones de los distintos actores por éstas afectados tanto de las presentes como de las futuras generaciones; y equitativamente apropiadas (decididas, controladas) por todos ellos.

Sin embargo, esa capacidad es normalmente limitada por dos condiciones:

La primera es la dependencia que las iniciativas de desarrollo suelen tener a recursos financieros externos, que además de ser reducidos, suelen venir acompañados de una serie de condicionamientos que limitan el poder de injerencia de las iniciativas en el diseño e implementación de sus propios proyectos — e.g. términos de referencia preestablecidos para sortear presiones de rendición de cuentas, presupuestos que favorecen a determinadas áreas del desarrollo en detrimento de otras, etc.

La segunda es su subordinación a agentes y regulaciones políticas externos, que ya sea por intereses de grupo o por la creciente tendencia a tomar decisiones verticales y estandarizadas, les obligan a ajustar sus intervenciones con criterios que no siempre resultan adecuados a su contexto específico de implementación — e.g. mediante evaluaciones o políticas estandarizadas y punitivas, regulaciones con bases ideológicas no compartidas, etc.

Por ello es importante que todas y cada una de las iniciativas de desarrollo, de cualquier temática o nivel, fortalezca su capacidad de auto-sustentabilidad, como medida para contrarrestar esta relación de poder desequilibrada que tienden a tener con los proveedores externos de recursos de apoyo político o financiero de los que dependen, y que afecta el desempeño sustentable de sus intervenciones.

La auto-sustentabilidad, que requiere de la redistribución de dichos
recursos,
es la capacidad de cada iniciativa de desarrollo para decidir e injerir respecto a lo que le conviene y lo que no, para identificar los problemas que la afectan dado su contexto específico y los recursos (humanos, financieros, estructurales, etc) con los que cuenta para emancipar los cambios necesarios para resolverlos. Y también, la que le permite ejecutar sus proyectos de desarrollo local en armonía con las necesidades de desarrollo sustentable a nivel global.

El concepto de auto-sustentabilidad complementa al de sustentabilidad como comúnmente entendido porque aborda los conflictos entre los actores del desarrollo y enfatiza la naturaleza de sus relaciones de poder en términos de (1) el estatus e influencia de una iniciativa de desarrollo dentro de esta relación para determinar lo que es relevante y eficaz para lograr su objetivo social y (2) su nivel de dependencia a actores y recursos externos para lograr intervenciones sustentables.

Democratizar la apropiación del proceso de desarrollo implica abandonar la búsqueda de soluciones estandarizadas y descentralizar el poder que actualmente se concentra en manos de aquellos que gozan de los recursos financieros necesarios, de aquellos con mayor autoridad política, de los que dominan el discurso del desarrollo, de aquellos que tienen más visibilidad y poder de influencia para afectar la legislación. Implica compartir su control del proceso dando espacio a más libertad y, por tanto, a más flexibilidad, adaptación constante, contextualización —ampliando la capacidad de las iniciativas para ser relevantes a una pluralidad de intereses y responder a diferentes necesidades de desarrollo tanto a nivel global como local.

Esto es, fortalecer el nivel de auto-sustentabilidad de las distintas iniciativas de desarrollo es una cuestión de practicidad, pues incrementa su capacidad de establecer intervenciones de desarrollo más sustentables. Pero también, una cuestión de principios. De una ética que reconoce que las personas también tienen derecho a ser tratadas con dignidad, elegir la vida que quieren llevar, y ser responsables de sus decisiones a este respecto. Lo que es decir, el derecho y la responsabilidad de ejercer su libertad.

¿Cómo incrementar la auto-sustentabilidad de nuestra iniciativa de desarrollo?