Finca Agroecológica ∗ La Flor Costa Rica

Finca Agroecológica La Flor
La Flor Agroecological Farm

Promueve educación en sustentabilidad (sostenibilidad) y modelos de vida alternativos a través de programas de capacitación y desarrollo de capacidades, pasantías y colaboraciones personalizadas relacionadas con prácticas agrícolas ecológicas, artes y deportes.

Paraíso, Cártago, Costa Rica 
        
Sitio Web

Finca Agro-ecológica La Flor es un proyecto liderado por la organización civil ASODECAH  en Costa Rica, que busca crear y promover experiencias de mejores prácticas ecológicas y humanas  mediante programas de voluntariado, talleres, visitas escolares y actividades de colaboración con las comunidades circundantes. También ofrece un espacio para quienes buscan un modo de vida alternativo, viviendo y trabajando en la finca, y contribuyendo a formar consciencia cívica respecto a la sustentabilidad.

Hace aproximadamente 20 años, la finca fue establecida en la localidad de La Flor en las montañas de la provincia costarricense de Cártago, con el objetivo de trabajar junto con las poblaciones locales en la construcción de un modelo de agricultura alternativo y sustentable, que permitiese promover la educación ambiental, social e intercultural entre las mismas comunidades y con estudiantes y visitantes extranjeros.

Para acercarse a las comunidades, los promotores de la iniciativa empezaron por invitarles a participar en el proyecto, trayendo sus ideas y propuestas para el diseño e implementación de un modelo de agricultura más justo y más ecológico. La respuesta inicial por parte de los pobladores vecinos fue poco favorable. Pocos comprendían por qué gente externa a la comunidad les abría las puertas y pedía su participación voluntaria en la construcción de un proyecto que les resultaba ajeno. Fue entonces que se idearon otras formas para promover la colaboración con la población local.

Por un lado, se crearon programas que permitieran emplear a la gente, lo cual resultó atractivo por la falta de trabajo en la región. Hoy casi todas las familias del pueblo han trabajado alguna vez en la finca.

Además, los miembros de la iniciativa empezaron a invitar a estudiantes y voluntarios a pasar temporadas en la finca cuidando el bosque, trabajando en el huerto, y aportando a las comunidades con donaciones y trabajo en conjunto para mejorar sus condiciones (ej. limpiando el río, impartiendo cursos en las escuelas, organizando eventos, etc). Esto no sólo sirvió para la formación cívico-ambiental de los visitantes sino la de las comunidades beneficiadas.

Con el mismo ánimo de acercarse a la gente, la Finca también ha organizado actividades con grupos vulnerables de los pueblos circundantes — como sesiones de café con los adultos mayores, o cursos de formación de capacidades (plantas medicinales, lombrisario, etc), en colaboración con el Ministerio de Ambiente y Energía de Costa Rica.

Todos estos esfuerzos han ayudado a incrementar el nivel de participación de la población vecina, pero siguen resultando insuficientes, pues la propuesta aún es ajena a la cultura local, predominantemente católica o cristiano-evangélica y conservadora.

Por otro lado, con el fin de extender el alcance de su proyecto de fomentar la educación para la sustentabilidad, los promotores de la iniciativa aprovecharon sus 10 hectáreas de terreno para construir cabañas con capacidad para aproximadamente 40 personas. Estas les permiten recibir no sólo turistas y estudiantes, sino también voluntarios. Estos últimos, a cambio de hospedaje, alimento, formación y experiencia de primera mano en técnicas y modelos para el desarrollo agrícola sustentable, no sólo ofrecen su apoyo para el mantenimiento de la finca —limpieza de caminos, trabajo en el huerto, recuperación del bosque, construcción de cabañas, cuidado  de los animales, perfeccionamiento de los medios de divulgación del proyecto y redes sociales, etc. Algunos también ayudan impartiendo cursos tanto para las comunidades locales (gratuitamente), como para otros visitantes a la finca.

Actualmente los cursos incluyen la enseñanza de español para extranjeros, técnicas de agricultura sustentable, yoga, plantas medicinales, baile, etc.

El programa de voluntariado, aún trabaja en encontrar mecanismos para atraer a la población costarricense de otras ciudades, quien también resulta poco familiarizada con el concepto de granjas ecológicas y para quien es difícil solventar los gastos de manutención como la finca les requiere. Actualmente la mayoría de los visitantes son de Estados Unidos, Canadá y Europa.

Las ganancias generadas por los cursos arriba descritos se reparten entre los instructores y la asociación civil que dirige la finca y cuya junta de gobierno, cabe mencionar, aprueba y monitorea los proyectos propuestos por los voluntarios caso por caso.

Aún si constituida como organización sin ánimo de lucro, la iniciativa se vio obligada hace unos años a cambiar su estrategia de sustentabilidad financiera basada en donaciones porque éstas eras tediosas y difíciles de conseguir. En su lugar formularon mecanismos para diversificar sus fuentes de ingreso: Se prepararon cursos de desarrollo sustentable con duración de 4 semanas (cómo se cuida el bosque, manejo de animales, etc). Se creó el programa de enseñanza de español para extranjeros. Se fomentó la visita de escuelas y turistas. Se invitó a organizaciones y empresas para hacer sus retiros en la finca. Se trató de impulsar la producción de insumos locales (leche, huevos, etc).

Se buscaron maneras de aprovechar los recursos locales (ej. uso del abono de los animales para el cultivo de los huertos). Se aprendió un poco sobre bioconstrucciones, lo cual les ha permitido ahorrar algunos gastos, etc. Hoy, según uno de los líderes actuales de la iniciativa entrevistados, las ganancias generadas por los cursos, sumadas a las cuotas aportadas por los voluntarios y turistas para cubrir los gastos de su estadía, resultan suficientes para mantener a flote el proyecto.

La iniciativa de la Finca está en un momento de transición, pues sus líderes fundadores se encuentran delegando el proyecto a un equipo de jóvenes que alguna vez participaron como voluntarios y que hoy se encuentran constituyendo un nuevo equipo de trabajo que lleva alrededor de medio año renovando las instalaciones de la finca e ideando nuevas formas de gestionar y promover la iniciativa. Este grupo es multidisciplinario y mucho más inclinado a fomentar las prácticas cívico-ecológicas a través de las artes y los deportes.

Para diversificar los mecanismos de financiación del proyecto y depender menos de los requisitos exigidos por sus clientes tradicionales, han redoblado esfuerzos para aumentar la visibilidad del proyecto y atraer más visitantes, incluyéndolo en sitios de hospedaje (como Airbnb).